Mujer: Tú sola no eres suficiente

“Mamá, tú puedes. Tú eres suficiente”. Mi corazón se hundió cuando leí estas líneas en un artículo en un sitio web importante dirigido a madres cristianas. Mi corazón se hundió, porque era mi artículo y tenía la intención de alentar a las mamás que están en la trinchera de criar a los hijos, y abrumadas al tratar de hacerlo todo. Sin embargo, cuando vi el artículo en línea, noté que las últimas líneas habían sido alteradas. La versión original, sin editar, decía: “Mamá, tú puedes, porque Él puede. Eres suficiente porque el que está en ti es suficiente”. El cambio había dejado de palabras, había dejado fuera a Dios.

Un mensaje que las mujeres han escuchado una y otra vez se resume en estas dos palabras: “Eres suficiente”. Los autores y oradores cristianos han estado incorporando esta frase en sermones destinados a alentar a las mujeres, especialmente a las mamás que se sienten atacadas por la culpa y plagadas por la duda. Las palabras a menudo parecen perfectamente aceptables y quizá, empoderantes. Pero ¿qué significa realmente esta frase aparentemente inocua?

¿Soy suficiente?
“Eres suficiente” es una forma bien intencionada de decir: “La vida es difícil, pero puedes con ella porque eres una mujer capaz e independiente”. Este dicho sugiere que cuando olvidas la junta de preescolar de tu hijo (¡esto sí que ha sucedido!), o pierdes los estribos tan pronto te levantas, no te sientas demasiado mal, porque ser mujer es todo un desafío. ¡No te rindas, porque tú sola eres lo suficientemente fuerte como para ser mujer. Tú puedes!

Si bien esto parece animarnos y suena edificante, las mujeres cristianas cada vez escuchamos menos la verdad completa:

¡Cada una de nosotras necesita desesperadamente 
a Jesús todos los días!

El mensaje de “tú puedes” y la idea de la mujer empoderada, está diluyendo lentamente el Evangelio. Esto puede sonarte mal, pero la verdad es que no somos suficientes. Nadie lo es. El llamado a la maternidad, y a la vida cristiana, es un llamado elevado y abrumador para todos. Ninguno de nosotros es lo suficientemente bueno, lo suficientemente amable, lo suficientemente correcto, o lo suficientemente fuerte. Y es por eso que cada una de nosotras necesita desesperadamente a Jesús en la trinchera, todos los días.

Tu falta de suficiencia
La idea de ser inadecuado no es popular en nuestra cultura que enfatiza ganarse la vida. Preferiríamos escuchar cosas bonitas que lidiar con lo que Dios dice en las Escrituras. La Biblia no está haciendo menos nuestro valor. Simplemente señala esta verdad: encontramos nuestro verdadero valor solo en Cristo. En Él somos libres para reconocer que somos defectuosos.

Nuestra vida como mujeres (solteras o casadas) está llena de pequeños/grandes fracasos: con frecuencia nos dejamos llevar sin razón por nuestros propios sentimientos, a veces no alcanzamos nuestras metas y no siempre respondemos con amor cuando la vocecita de un hijo grita: “¡Quiero agua!”. Ahí es cuando tú y yo tenemos la bella y liberadora opción de confesar: “Padre, simplemente no tengo lo que se necesita para esto. Te necesito a ti”. A esto se reduce: a reconocer nuestra falta de suficiencia para que Dios tenga la oportunidad de derramar sus infinitas reservas de gracia.

Dios a menudo nos permite andar por caminos que están más allá de nuestra capacidad. Cuando has estado despierta todas las noches durante una semana, alternando entre un bebé que estas amamantando y un niño pequeño con gripe, entiendes lo que significa estar más allá de tu capacidad. Quizá eres soltera y has sentido una carga parecida al estudiar, trabajar y tener que apoyar un padre enfermo al mismo tiempo. Pero cuando en medio del agotamiento confesamos: “No puedo, Dios. Por favor, hazte cargo”, es cuando podemos aumentar nuestra dependencia en la Persona que nunca nos fallará. Cuando Pablo y Timoteo enfrentaron situaciones que estaban más allá de su capacidad, aprendieron a no confiar en ellos mismos, “sino en Dios que resucita a los muertos” (2 Co. 1:9).

Regocijarse en la debilidad
Después, en Corintios, Pablo habla de su debilidad. Él no solo lo menciona de pasada. Parece deleitarse en ello, incluso se jacta de ello. Les dice a sus lectores que se regocija en su debilidad. ¿Por qué? Porque en nuestra debilidad, la fuerza de Cristo se perfecciona (2 Co. 12:9). Las bienaventuranzas también ponen de cabeza la definición que el mundo tiene del poder. Jesús llama a los que son mansos, a los que lloran, a los que son pobres de espíritu, “bienaventurados” (Mt. 5:5–11). Cuando escuchamos el mantra de que somos “poderosas y suficientes”, es probable que dejemos de regocijarnos en nuestra debilidad, que no celebremos nuestra pobreza de espíritu, y disminuyamos nuestra dependencia de Dios. Cuando realmente entiendo que no soy suficiente en mi propia fuerza, no trataré de profundizar en mí misma para extraer recursos. En cambio, me adentro en la Palabra de Dios y saco promesas en las que me puedo apoyar.

Si estás abrumada por el futuro, recuerda que su poder divino te ha dado todo lo necesario para la vida y la piedad (2 Pe. 1:3). Si te sientes aislada como madre, enterrada bajo pañales y toallitas húmedas, reposa en Su promesa de que te ha grabado en las palmas de sus manos (Is. 49:16). Y cuando te sientas arruinada como hija, madre, o esposa. No rehuyas a tu responsabilidad buscando tu propia gloria, pero tampoco te castigues. En cambio, refúgiate en Cristo que redime tus errores y te da la gracia de continuar (Sal. 103:12).

No es suficiente decir que eres suficiente.
Aunque las voces que le dicen a las mujeres que somos suficientes, tienen intenciones de ayudar a vencer las dudas que tenemos, más bien nos están destruyendo. “Tú eres suficiente” pone la responsabilidad en “ti”. Es una idea centrada en mí, en la que se nos dice que debemos sacar nuestra así llamada fuerza interior. Pero levantarnos por nuestras propias fuerzas no es la forma en que Dios diseñó cuidar de nuestras almas.El pastor John Piper escribió para las mujeres: “Oren constantemente, oren, oren, oren por lo que necesiten. Así es como haces de tus días, un acto de adoración. Al orar, unes las tareas de atender tus todos asuntos y cuidar tu alma”. Debemos llevarlo todo al Señor en oración: desde el agotamiento de la carrera universitaria, la agridulce locura del matrimonio o las perdidas de la vejez.  Debemos mirar fuera de nosotras a un Dios que quiere fortalecernos y darnos descanso.

El mensaje más liberador y poderoso que necesitamos escuchar es el siguiente: Cristo en ti es más que suficiente. Es un mensaje que no depende de la autosuficiencia, sino de la dependencia de Dios. Nos da espacio para descubrir que Él es un Dios todo suficiente.

Fuente: www.coalicionporelevangelio.org
Autor: Susan Narjala

Deja un comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s