“Creyentes, ¡cuidado con el legalismo!”

En los años que llevo de servir al Señor nunca me he encontrado con alguien que se identifique a sí mismo como legalista. Sin embargo, he escuchado a cristianos en incontables ocasiones, señalando a otros como legalistas. Lo cierto es que todos los creyentes tenemos que lidiar con ese problema de un modo u otro, a veces más, y a veces menos. En una forma muy sencilla podemos decir que el legalismo consiste en tratar de ganar el favor de Dios a través de nuestra obediencia, ya sea a las leyes de Dios o a reglas inventadas por los hombres.

El problema del Legalismo.

El problema del legalista es que no descansa plenamente en la obra de Cristo para ser aceptado y bendecido por Dios, sino en su propia conformidad a un estándar de conducta previamente establecido. Mientras el evangelio nos mueve a la obediencia por agradecimiento tras haber sido aceptados por Dios de pura gracia, el legalismo nos dice que debemos obedecer para ser aceptados.
En el evangelio, la aceptación de Dios viene primero y la obediencia después. En el legalismo es a la inversa: la obediencia viene primero para lograr ser aceptados después. En el legalismo todo gira en torno a lo que hacemos o a lo que dejamos de hacer. Eso fue lo que sucedió con los creyentes en Galacia; abrazaron inicialmente el mensaje de la salvación únicamente por gracia, por medio de la fe. Pero luego comenzaron a pensar que debían regresar a la ley para poder avanzar en sus vidas cristianas. Y Pablo los amonestó duramente por eso:

“¡Oh gálatas insensatos! ¿quién os fascinó para no obedecer a la verdad, a vosotros ante cuyos ojos Jesucristofue ya presentado claramente entre vosotros como crucificado? Esto solo quiero saber de vosotros:¿Recibisteis el Espíritu por las obras de la ley, o por el oír con fe? ¿Tan necios sois? ¿Habiendo comenzadopor el Espíritu, ahora vais a acabar por la carne? ¿Tantas cosas habéis padecido en vano?si es que realmente fue en vano. Aquel, pues, que os suministra el Espíritu, y hace maravillas entre vosotros,¿lo hace por las obras de la ley, o por el oír con fe?”,Gálatas 3:1-5.

Un peligro real
¿Saben qué? Todos nosotros corremos el peligro de caer en el mismo error, porque el evangelio es contra intuitivo. Todos nosotros tenemos una vocecita interna que nos dice: “Por supuesto que la salvación es un don gratuito que Dios concede de pura gracia a los que confían en Jesús, pero…”. Es en ese “pero” donde está el problema, porque lo que sigue usualmente es una lista de cosas que tú debes hacer para que Dios te mire con buenos ojos.
Todo el tiempo debemos estar detectando y luchando contra esa voz, sustituyendo el “pero” con un “por tanto”: “Por supuesto que la salvación es un don gratuito que Dios concede de pura gracia a los confían en Jesús, por tanto, ahora somos libres para obedecer a Dios y vivir para Él”.

Aunque los dos mensajes se parecen, la realidad es que plantean dos maneras muy distintas de vivir la vida cristiana. Por supuesto que los creyentes verdaderos se preocupan por su santidad personal y, precisamente por eso, toman en serio la obediencia a los mandamientos de Dios (cp. Jn. 14:21-23; Rom. 7:12, 22; 2Cor. 7:1; 1Jn. 2:3-6). Pero esa obediencia no es meritoria. Somos aceptos en la presencia de Dios, y bendecidos cada día por Él, si somos creyentes, únicamente por causa de Cristo; no por nuestro desempeño, como enseña el legalismo.

Examinándonos a nosotros mismos
Ya que todos luchamos en esta área, no deberíamos ser prontos en etiquetar a otros de legalistas, antes deberíamos examinarnos a nosotros mismos y ver como esta nuestro corazón. Pregúntate:

  • ¿Estoy añadiendo mis propias leyes a la ley de Dios… incluso si esas leyes son buenas y sabias?
  • ¿Estoy enfatizando demasiado asuntos que Dios considera menores?
  • ¿Estoy confiando en mi propia obediencia y obras para ganar el favor de Dios?
  • Aunque quizá no lo digo ¿Pienso a veces que soy hago mejor que los demás?

Si respondiste si, quizás has descubierto al legalista escondido que vive en tu corazón. Pero aún, si ese fuera el caso, tenemos esperanza al saber que si confesamos nuestro pecado y nos arrepentimos, el Señor es fiel y justo para perdonarnos y limpiarnos de toda maldad. (1 Juan 1:9).

Además de las ya mencionadas, las siguientes son algunas formas de luchar contra el legalismo.

  • Lee la Biblia y mira tu vida buscando la gracia inmerecida de Dios para ti. 
  • Analiza tu vida diariamente, en busca de evidencias de legalismo y ríndelas a Dios.
  • Glorifica a Dios por tus logros, recuerda siempre (y dilo) que son gracia inmerecida de Él para ti.
  • Anima con tus palabras a los que te rodean, incluso si sus fallas parecen mayores que sus avances en la vida de fe.

Fuente:www.coalicionporelevangelio.org 
Autor: Sugel Michelen.Miembro del concilio de Coalición por el Evangelio.
Por más 35 años uno de los pastores de Iglesia Bíblica delSeñor Jesucristo, en República Dominicana.

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